TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la forma en que una persona presta atención, controla sus impulsos y regula su nivel de actividad. Puede presentarse en niños, adolescentes y adultos.
Los síntomas principales son:
*Déficit de atención: dificultad para concentrarse, olvidar tareas, perder objetos o distraerse con facilidad.
*Hiperactividad: necesidad constante de moverse, hablar mucho o sentirse inquieto.
*Impulsividad: actuar sin pensar, interrumpir a los demás o tener dificultad para esperar su turno.
No todas las personas con TDAH presentan los mismos síntomas.
Algunas tienen principalmente problemas de atención, otras de hiperactividad e impulsividad, y muchas presentan una combinación de ambos.
Es importante saber que:
El TDAH no significa falta de inteligencia ni de capacidad.
Con un diagnóstico adecuado, apoyo, estrategias de organización y, en algunos casos, tratamiento médico, las personas con TDAH pueden estudiar, trabajar y llevar una vida plena.
El TDAH se diagnostica mediante una evaluación clínica completa; no existe un análisis de sangre, una radiografía o una prueba única que lo confirme.
¿Cómo se diagnostica?
Generalmente, lo realiza un psicólogo clínico, psiquiatra o neurólogo con experiencia en TDAH.
La evaluación suele incluir:
Una entrevista con la persona y, si es un niño, también con sus padres o cuidadores.
Preguntas sobre el comportamiento en casa, la escuela o el trabajo.
Cuestionarios estandarizados para evaluar los síntomas.
Revisión de la historia médica, del desarrollo y familiar.
En algunos casos, pruebas psicológicas para valorar la atención, la memoria y otras funciones cognitivas.
Para que se diagnostique TDAH, los síntomas deben:
Haber comenzado antes de los 12 años.
Estar presentes durante al menos 6 meses.
Aparecer en más de un entorno (por ejemplo, en casa y en la escuela o el trabajo).
Interferir de forma importante con la vida diaria.
¿Cuáles son sus causas?
No existe una sola causa. Se cree que intervienen varios factores:
Genética: es el factor más importante; suele haber antecedentes familiares.
Desarrollo del cerebro: algunas áreas relacionadas con la atención y el control de impulsos funcionan de manera diferente.
Factores durante el embarazo o el parto: como la exposición al tabaco, alcohol u otras sustancias, el nacimiento prematuro o el bajo peso al nacer pueden aumentar el riesgo.
Es importante aclarar que el TDAH no es causado por una mala crianza, falta de disciplina o exceso de uso de pantallas, aunque esos factores pueden influir en el comportamiento o empeorar los síntomas.
¿Cómo tratar a quien lo padece?
El tratamiento suele combinar varias estrategias:
Psicoeducación: entender qué es el TDAH ayuda tanto a la persona como a su familia.
Terapia psicológica, especialmente la terapia cognitivo-conductual, para desarrollar habilidades de organización, manejo de emociones y control de impulsos.
Medicamentos, cuando son indicados por un especialista, ya que pueden mejorar la atención y disminuir la hiperactividad e impulsividad.
Apoyo en la escuela o el trabajo, con adaptaciones cuando sean necesarias.
Hábitos saludables: dormir bien, hacer ejercicio regularmente, mantener una rutina y una alimentación equilibrada.
¿Cómo apoyar a una persona con TDAH?
Hablar con calma y dar instrucciones claras y breves.
Ayudar a establecer rutinas y horarios.
Dividir las tareas grandes en pasos pequeños.
Reconocer sus esfuerzos y logros, no solo señalar los errores.
Evitar etiquetarla como «floja», «desobediente» o «distraída», ya que estos comentarios pueden afectar su autoestima.
Con un diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado, muchas personas con TDAH desarrollan estrategias que les permiten tener una vida académica, laboral y personal satisfactoria.
