● Más de mil 400 participantes recorrieron 3 kilómetros de la Diana Cazadora al Monumento a la Revolución en una celebración que reunió tradición, cultura popular y fútbol.
● Alebrijes monumentales, comparsas, carros alegóricos y el emblemático Sonido La Changa llenaron de música y color las calles de la ciudad
Entre el sonido de los tambores, los aplausos del público y banderas ondeando a lo largo de Paseo de la Reforma, la capital vivió este sábado 13 de junio de 2026 el Gran Desfile Mundialista “La pelota vuelve a casa”, organizado por el Gobierno de la Ciudad de México, que reunió a miles de personas en una tarde llena de tradición, color y música.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina atestiguó, junto a familias de diversas alcaldías y de numerosas entidades de la República, cuando poco después de las 13:00 horas la la Glorieta de la Diana Cazadora se convirtió en el punto de partida de una fiesta que durante más de una hora avanzó hacia el Monumento a la Revolución acompañada por más de mil 400 artistas, músicos, bailarines y personajes que hicieron del corazón de la ciudad un escenario a cielo abierto.
El recorrido comenzó con una evocación de las raíces más profundas de la ciudad. Al ritmo de música en vivo, un carro alegórico inspirado en el Juego de Pelota abrió paso a medio centenar de danzantes prehispánicos, seguidos por una monumental ofrenda de muertos dedicada a leyendas del fútbol como Pelé, Ferenc Puskás y Paolo Rossi.
Enseguida, una comparsa de catrinas y una trajinera llevaron los colores y tradiciones de Xochimilco al corazón de la ciudad, mientras las figuras monumentales de ajolotes, colibríes, cacomixtles y alebrijes parecían custodiar el paso de chinelos, caporales, mariposas monarca y diversas expresiones provenientes de los pueblos originarios y de las 16 demarcaciones de la ciudad.
La hermandad nacional e internacional que caracteriza a México también tuvo un lugar destacado. Los trajes tradicionales y las muestras culturales de las 32 entidades del país desfilaron acompañados por una gran banda de música mexicana que cautivó a niñas, niños y adultos, mientras globos monumentales y bicicletas adornadas con las banderas de las naciones participantes de la justa mundialista recordaron que el fútbol es también un lenguaje capaz de borrar fronteras.
“Me encantó el traje típico de Tlaxcala, además de las catrinas, por supuesto. También me gustaron mucho los de Chiapas, Veracruz, pero el de Tlaxcala y Nayarit qué maravilla. Me sorprendió la indumentaria, sus máscaras, todos los bordados y su calzado”, mencionó Martha Ruiz, vecina de la alcaldía Iztacalco.
La nostalgia mundialista también tuvo su momento relevante con la imagen oficial del mundial México 70, volvió a recorrer las calles de la capital, mientras una representación del festejo de Pelé después de conquistar la Copa del Mundo evocó uno de los momentos más entrañables de aquella competencia.
Más adelante aparecieron los recuerdos del Mundial Femenil de 1971 con las exfutbolistas mexicanas que hicieron historia en aquella competencia, quienes fueron reconocidas por miles de personas que, desde las banquetas, respondieron con porras, aplausos y el inevitable coro de «México, México» y “Campeonas, campeonas”, en una muestra de que la pasión futbolera trasciende generaciones. Posteriormente, la justa mundialista México 86 hizo aparición con la figura de Pique, y una recreación de la célebre “Mano de Dios” de Diego Armando Maradona.
La parte final del recorrido se transformó en una auténtica postal chilanga. Personajes inspirados en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central de Diego Rivera convivieron con vendedores, organilleros, luchadoras, jainas, pachucos y personajes populares de la ciudad. Detrás de ellos apareció uno de los momentos más celebrados de la jornada: el carro sonidero encabezado por Sonido La Changa, que convirtió Paseo de la Reforma en una pista de baile al aire libre.
La fiesta alcanzó su punto culminante con una batucada integrada por luchadores, el estruendo de los tambores y el vuelo de los gigantescos globos de Quetzalcóatl y el Ajolote, que cerraron una jornada en la que la cultura popular y la pasión por el fútbol se fundieron en una misma celebración.
“Todo fue muy bonito. Lo mejor fue estar en compañía de la familia y sobre todo, pues ver que el ánimo está muy prendido. Vengo con mi esposo, con mis hijos, con mi mamá, con mis hermanas y mis sobrinos, que vivieron su primer desfile”, compartió Betzabeth, vecina del Estado de México.
A lo largo de su recorrido por el Ángel de la Independencia, la Glorieta del Ahuehuete, la estatua de Cuauhtémoc, la Glorieta Mujeres que Luchan y el Monumento a la Revolución, el Gran Desfile Mundialista convirtió Paseo de la Reforma en un gran escenario donde convivieron la memoria, la tradición y la pasión por el fútbol. Entre música, danzas, alebrijes monumentales y miles de personas reunidas en las calles, la Ciudad de México celebró su identidad y refrendó su vocación como una capital abierta al mundo.
“Tuve muchos momentos favoritos, pero los trajes típicos de cada región me conmovieron mucho. En especial esos penachos; no sabía de qué lugar provenían y nunca había visto algo así. En general, todos los atuendos de las personas que participaron se veían muy bien”, dijo Flor del Valle, vecina de la Benito Juárez.
Porque en la ciudad que ha sido sede de cuatro Copas del Mundo, el fútbol se vive más allá de las canchas: se convierte en una herramienta para fortalecer el tejido social, construir comunidad y hacer del espacio público una gran fiesta colectiva. Así, la pasión mundialista volvió a tomar las calles para celebrarse como solo puede hacerlo una metrópoli cuya historia y diversidad han hecho del balón un lenguaje capaz de reunir a generaciones enteras.
